Historia

Las escuelas hogares fueron creadas por el Ministerio de Educación Nacional para facilitar la escolarización de los niños y niñas del medio rural de toda España que residían en el campo, y a los que la distancia desde sus viviendas a la escuela nos les permitía asistir a ésta con la regularidad y asiduidad necesarias.

1En Coín, en los primeros años sesenta, el número de personas que vivían diseminados por los muchos cortijos y caseríos que poblaban sus partidos rurales era muy elevado por lo que, para satisfacer su demanda de escolarización, en febrero de 1965 se pone en marcha la Escuela Hogar Virgen de la Fuensanta. La promotora y principal impulsora de este proyecto educativo fue la inspectora doña Elena Moreno López, quien, conociendo las necesidades del Valle del Guadalhorce, supo ver en esta nueva institución un instrumento eficaz para acabar con el alto índice de absentismo escolar que se daba entre los hijos del campesinado de esta comarca malagueña. El nacimiento de esta escuela hogar contó desde el principio con el entusiasmo de esta inspectora, el apoyo de la institución municipal y la ilusión y el esfuerzo de su director, don José María Gallero Martín, pero con tal precariedad de medios que para su puesta en marcha, con una matrícula de cincuenta niños y otras tantas niñas, tuvieron que habilitárseles para su residencia varias de las casas que poco tiempo antes se habían construido como vivienda para maestros, y otras de propiedad municipal en edificaciones cercanas al colegio donde se escolarizarían, el Pintor Palomo Anaya. Los maestros que integraron este primer claustro de la escuela hogar que pudieron superar con éxito la etapa de dificultad, fueron, además del director citado, doña Pilar Muñoz Cabrera, doña María del Carmen Ayala Díaz, don Juan Fernández Ruiz y don Juan Manuel García Manzano, actuando como administradora doña Julia Manzano López.

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En esta situación de precariedad vivió la recién nacida institución hasta que con el curso 1968 se inauguró como escuela hogar de niños, un edificio de tres plantas contiguo a los del colegio, moderno y funcional que, por su capacidad, permitió aumentar hasta ciento cincuenta el número de los alumnos que vivirían en él durante el curso escolar. Las niñas en ese mismo año se acomodaron en dependencias del convento de Santa María de la Encarnación y daban sus clases en el colegio de las monjas Clarisas allí instalado.

Desde un primer momento se distinguió el nuevo centro docente por la innovación en sus propuestas educativas, por querer ser una escuela viajera y al aire libre, por una apuesta clara a favor de la actividad física y deportiva y por su gran inquietud cultural. Estaba facilitado todo ello por las especiales características del centro que, superada la escasez de los primeros momentos, disponía de medios suficientes, un alumnado participativo, que tenía, al igual que hoy, la condición de becarios, con los que se podía contar durante todo el día y unos jóvenes maestros que no solo se identificaron con el nuevo proyecto, sino que lo configuraron y animaron. Estas circunstancias pusieron a la escuela hogar a la vanguardia de estos centros provinciales, y proporcionaron a sus maestros satisfacciones como la concesión por la Inspección Central de Enseñanza Primaria de un voto de gracia en el curso 1967-1968 y se consiguieron logros deportivos como el campeonato de Andalucía de campo a través, o el subcampeonato nacional de balonmano que propiciaron la concesión del Premio Nacional de Educación Física en el año 1978. En esto años, y gracias a la iniciativa del coordinador de deportes don Juan Jiménez Frías, se inició una prueba atlética, la Vuelta Pedestre a Coín, que si bien al principio tuvo solo carácter interno, pronto fue ampliando su participación a otros colegios y más tarde a otros colectivos locales, provinciales y regionales, hasta convertirse en las últimas ediciones en la prueba multitudinaria e internacional, decana de las andaluzas, que es hoy.

3Las características económicas de la beca que disfrutaban los alumnos, hacia que para ellos el curso escolar no empezara, como para todos los demás, el 15 de septiembre, sino unos días más tarde a primeros de octubre, lo que motivaba que al retraso académico que habitualmente padecían se uniera la perdida de estos primeros días de curso. Este hecho llevó a su director, a principios del curso 1975-1976, después de numerosos comunicaciones desoídas por la Delegación del Ministerio de Educación para que se aumentasen en esos días la escolarización de los alumnos, a recomendar a sus padres que se dirigieran todos a la sede en Málaga de este organismo con el fin de conseguir tal reivindicación. No eran tiempos en los que se aceptase fácilmente una opinión discordante con el poder y mucho menos que un grupo de personas las expresasen públicamente; la reacción no se hizo esperar y ocasionó la destitución inmediata de su director que a partir de ese momento se ocuparía solo de la dirección del colegio Pintor Palomo,  ganada en oposición.

Fueron estas unas circunstancias delicadas que hicieron cambiar de manera importante la organización del centro, pues si bien era independiente y autónomo desde su creación, el hecho de coincidir en una misma persona la dirección del colegio y la escuela hogar hacía que la separación de ambos fuese muchas veces una línea difusa y,  por momentos, apenas perceptible. El cambio de esta situación, y sobre todo la escasez de aulas donde escolarizar a los alumnos a finales de los años setenta motivada por el crecimiento demográfico en la zona del «Patronato», ocasionaron cierto movimiento vecinal a favor del cierre de la escuela hogar con la intención de que sus dependencias sirviesen para ampliación del colegio. Los momentos de dificultad y tensión que esto propició, pudo resolverse por la constancia y pericia del nuevo y efímero director de la escuela don José Rosas Martín y con la construcción de nuevos módulos escolares en Huertas Viejas, que cubrieron suficientemente aquellas demandas.

4Otras muchas circunstancias han ido configurando la actual situación de este centro, y de ellas cabría destacar el traslado de las niñas desde su tradicional estancia en el convento de las monjas que acometió el entonces director don Francisco Gallero Martín, primero a dependencias improvisadas del colegio San Sebastián y más tarde, en el año 1980, al edificio matriz de la Escuela Hogar; las dificultades económicas del curso 1982-1983, que hicieron necesarias recurrir a préstamos bancarios, firmados y avalados a título personal por el director don Juan Jiménez Frías y la administradora doña Ana Pozo Rodríguez -que años después sería sustituida en este cargo por don Tomás Pabón López-, y la rotación en el trabajo del personal laboral para evitar el despido de algunos trabajadores; y, sobre todo, la reorganización que estas instituciones sufrieron en mayo de 1988. Desde esa fecha este centro, que pasó a llamarse Residencia Escolar Virgen de la Fuensanta, dejó de actuar como una «empresa» en la que el personal laboral eran trabajadores a su cargo, al mismo tiempo que la plantilla docente se diversificó, según su función y horario, en educadores y monitores. En esta nueva etapa, en la que se mantiene la oferta deportiva y las actividades de ocio y tiempo libre que han dado singularidad a este centro, se han podido acometer importantes mejoras estructurales que han permitido la modernización de sus instalaciones y su ampliación con salón de actos,biblioteca, aula de música, aula de informática, ludoteca y otras dependencias anejas.

Las escuelas hogares fueron creadas por el Ministerio de Educación Nacional para facilitar la escolarización de los niños y niñas del medio rural de toda España que residían en el campo, y a los que la distancia desde sus viviendas a la escuela nos les permitía asistir a ésta con la regularidad y asiduidad necesarias.

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En Coín, en los primeros años sesenta, el número de personas que vivían diseminados por los muchos cortijos y caseríos que poblaban sus partidos rurales era muy elevado por lo que, para satisfacer su demanda de escolarización, en febrero de 1965 se pone en marcha la Escuela Hogar Virgen de la Fuensanta. La promotora y principal impulsora de este proyecto educativo fue la inspectora doña Elena Moreno López, quien, conociendo las necesidades del Valle del Guadalhorce, supo ver en esta nueva institución un instrumento eficaz para acabar con el alto índice de absentismo escolar que se daba entre los hijos del campesinado de esta comarca malagueña. El nacimiento de esta escuela hogar contó desde el principio con el entusiasmo de esta inspectora, el apoyo de la institución municipal y la ilusión y el esfuerzo de su director, don José María Gallero Martín, pero con tal precariedad de medios que para su puesta en marcha, con una matrícula de cincuenta niños y otras tantas niñas, tuvieron que habilitárseles para su residencia varias de las casas que poco tiempo antes se habían construido como vivienda para maestros, y otras de propiedad municipal en edificaciones cercanas al colegio donde se escolarizarían, el Pintor Palomo Anaya. Los maestros que integraron este primer claustro de la escuela hogar que pudieron superar con éxito la etapa de dificultad, fueron, además del director citado, doña Pilar Muñoz Cabrera, doña María del Carmen Ayala Díaz, don Juan Fernández Ruiz y don Juan Manuel García Manzano, actuando como administradora doña Julia Manzano López.

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En esta situación de precariedad vivió la recién nacida institución hasta que con el curso 1968 se inauguró como escuela hogar de niños, un edificio de tres plantas contiguo a los del colegio, moderno y funcional que, por su capacidad, permitió aumentar hasta ciento cincuenta el número de los alumnos que vivirían en él durante el curso escolar. Las niñas en ese mismo año se acomodaron en dependencias del convento de Santa María de la Encarnación y daban sus clases en el colegio de las monjas Clarisas allí instalado.

Desde un primer momento se distinguió el nuevo centro docente por la innovación en sus propuestas educativas, por querer ser una escuela viajera y al aire libre, por una apuesta clara a favor de la actividad física y deportiva y por su gran inquietud cultural. Estaba facilitado todo ello por las especiales características del centro que, superada la escasez de los primeros momentos, disponía de medios suficientes, un alumnado participativo, que tenía, al igual que hoy, la condición de becarios, con los que se podía contar durante todo el día y unos jóvenes maestros que no solo se identificaron con el nuevo proyecto, sino que lo configuraron y animaron. Estas circunstancias pusieron a la escuela hogar a la vanguardia de estos centros provinciales, y proporcionaron a sus maestros satisfacciones como la concesión por la Inspección Central de Enseñanza Primaria de un voto de gracia en el curso 1967-1968 y se consiguieron logros deportivos como el campeonato de Andalucía de campo a través, o el subcampeonato nacional de balonmano que propiciaron la concesión del Premio Nacional de Educación Física en el año 1978. En esto años, y gracias a la iniciativa del coordinador de deportes don Juan Jiménez Frías, se inició una prueba atlética, la Vuelta Pedestre a Coín, que si bien al principio tuvo solo carácter interno, pronto fue ampliando su participación a otros colegios y más tarde a otros colectivos locales, provinciales y regionales, hasta convertirse en las últimas ediciones en la prueba multitudinaria e internacional, decana de las andaluzas, que es hoy.

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Las características económicas de la beca que disfrutaban los alumnos, hacia que para ellos el curso escolar no empezara, como para todos los demás, el 15 de septiembre, sino unos días más tarde a primeros de octubre, lo que motivaba que al retraso académico que habitualmente padecían se uniera la perdida de estos primeros días de curso. Este hecho llevó a su director, a principios del curso 1975-1976, después de numerosos comunicaciones desoídas por la Delegación del Ministerio de Educación para que se aumentasen en esos días la escolarización de los alumnos, a recomendar a sus padres que se dirigieran todos a la sede en Málaga de este organismo con el fin de conseguir tal reivindicación. No eran tiempos en los que se aceptase fácilmente una opinión discordante con el poder y mucho menos que un grupo de personas las expresasen públicamente; la reacción no se hizo esperar y ocasionó la destitución inmediata de su director que a partir de ese momento se ocuparía solo de la dirección del colegio Pintor Palomo,  ganada en oposición.

Fueron estas unas circunstancias delicadas que hicieron cambiar de manera importante la organización del centro, pues si bien era independiente y autónomo desde su creación, el hecho de coincidir en una misma persona la dirección del colegio y la escuela hogar hacía que la separación de ambos fuese muchas veces una línea difusa y,  por momentos, apenas perceptible. El cambio de esta situación, y sobre todo la escasez de aulas donde escolarizar a los alumnos a finales de los años setenta motivada por el crecimiento demográfico en la zona del «Patronato», ocasionaron cierto movimiento vecinal a favor del cierre de la escuela hogar con la intención de que sus dependencias sirviesen para ampliación del colegio. Los momentos de dificultad y tensión que esto propició, pudo resolverse por la constancia y pericia del nuevo y efímero director de la escuela don José Rosas Martín y con la construcción de nuevos módulos escolares en Huertas Viejas, que cubrieron suficientemente aquellas demandas.

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Otras muchas circunstancias han ido configurando la actual situación de este centro, y de ellas cabría destacar el traslado de las niñas desde su tradicional estancia en el convento de las monjas que acometió el entonces director don Francisco Gallero Martín, primero a dependencias improvisadas del colegio San Sebastián y más tarde, en el año 1980, al edificio matriz de la Escuela Hogar; las dificultades económicas del curso 1982-1983, que hicieron necesarias recurrir a préstamos bancarios, firmados y avalados a título personal por el director don Juan Jiménez Frías y la administradora doña Ana Pozo Rodríguez -que años después sería sustituida en este cargo por don Tomás Pabón López-, y la rotación en el trabajo del personal laboral para evitar el despido de algunos trabajadores; y, sobre todo, la reorganización que estas instituciones sufrieron en mayo de 1988. Desde esa fecha este centro, que pasó a llamarse Residencia Escolar Virgen de la Fuensanta, dejó de actuar como una «empresa» en la que el personal laboral eran trabajadores a su cargo, al mismo tiempo que la plantilla docente se diversificó, según su función y horario, en educadores y monitores. En esta nueva etapa, en la que se mantiene la oferta deportiva y las actividades de ocio y tiempo libre que han dado singularidad a este centro, se han podido acometer importantes mejoras estructurales que han permitido la modernización de sus instalaciones y su ampliación con salón de actos,biblioteca, aula de música, aula de informática, ludoteca y otras dependencias anejas.